Un mensaje de FRATERNIDAD

Desde los años 30 del Siglo XX, y hasta principios de los 60, en el Barrio Chino de La Habana se editó la Revista Bilingüe FRATERNIDAD, voz oficial de la Asociación de Detallistas del Comercio de la Colonia China de Cuba.
En el año 2000 se logró rescatar esta publicación, que ahora tuvo una vida demasiado efímera, aunque se logró publicar suficientes materiales relacionados con la historia, la cultura y la actualidad de la Comunidad China de Cuba.
Lamentablemente, en el 2006, volvió a desaparecer.
AHORA INTENTO RESCATAR EL ESPÍRITU DE CONFRATERNIDAD DE AQUELLA PUBLICACIÓN.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Un reconocimiento caribeño al esfuerzo y la creatividad



El espacio dominical Buenos días, Personita, fue acreedor del Premio a los Espacios para Niños y Jóvenes (Youth and Children´s Issues) en la edición de los Premios de Radiodifusión del Caribe (Caribbean Broadcasting Awards), con un programa dedicado a promover los derechos del niño y la niña y la música del Caribe.







Este evento es promovido por la Unión de Radiodifusoras del Caribe (Caribbean Broadcasting), CBU, y auspiciado por el Programa de las Naciones de Unidas para el Desarrollo, PNUD.





El programa cuenta con las voces de Krystel Azpillaga, Laura y Julio Gerardo Hun Longchong, la asesoría de Isabel Herrera, la realización del cuento de Alberto Garbayo y la narración de Laritza Camacho. El guión y la dirección son de Julio Gerardo Hun, quien también dirige el multipremiado noticiero estelar Diario Hablado, la revista informativa Buenos días, Ciudad y la publicidad de bien público de Radio Ciudad de La Habana.

sábado, 27 de julio de 2013

El Restaurante Guang Zhou, orgullo habanero.

(Aunque este artículo no fue publicado en Fraternidad, tiene muchos elementos de un trabajo dedicado a los restaurantes de participación familiar. Lamentablemente, algunos de los reflejados en aquel reportaje, ta no existen. El Guang Zhou habanero es un superviviente, con buena salud.)




Corría el año 1995 y un grupo de chinos y descendientes se daba a la tarea de rescatar artes, tradiciones y prestigio a una comunidad estigmatizada por mucho tiempo. La calle Cuchillo de Dragones, en pleno corazón del casi invisible Barrio Chino de La Habana, se llenaba poco a poco de ojos rasgados, verduras renacentistas y olores guardados en lo más recóndito de la memoria.

Uno de estos descendientes, procedente de una familia de gran renombre en la Comunidad China, Carlos Alay Jo, se dio a la tarea de crear, (por supuesto de la nada) un restaurante de participación familiar, al que algunos quisieron denominar con el nuevo nombre de paladar, pero que nunca tuvo ese criollo estilo surgido en los noventa cubanos. Surgió el Restaurante Guang Zhou, en la misma esquina que en los años 50 del siglo 19, existió el famoso Café de Genaro y, aun sin comprobar, la ubicación de una de las primeras fondas chinas de Cuba, allá por los años 1880 y pico.

Desde hace mas de 20 años, que tampoco son nada aunque lo parezcan, esta familia ha ido dejando su huella en el paladar habanero y por qué no, de otras latitudes también, pues cientos de turistas que visitan nuestra ciudad acuden a probar sus deliciosas ofertas chino cubanas.
 
Preguntado en una ocasión para la desaparecida revista Fraternidad, Carlos Alay, respondió así: “Comienza con la idea de rescatar y mantener las tradiciones culinarias de los chinos de Cuba. Y se dice así porque eran tradiciones de los chinos que emigraron a Cuba y no las que ellos mantenían en su país. La razón de esta diferencia está dada porque tuvieron que adaptarse a los ingredientes que existen en Cuba, que no son los mismos que hay en China. De ahí que la podemos definir como cocina chino cubana.”

 





El nombre proviene de la capital de la provincia china de Cantón (Guang Dong), región natal de la madre de Carlos, quien se remitió a un antiguo refrán chino:
 
“Si quieres comer buena comida, ve a Guang Zhou.”

lunes, 3 de junio de 2013

166 años de Presencia China en Cuba



Hoy 3 de Junio de 2013, 166 años atrás, los muelles de Regla recibieron al bergantín español Oquendo, que traía  206 chinos a bordo, como parte de un cargamento de obreros contratados para la economía colonial. Con el paso del tiempo los chinos fueron insertándose en nuestra nacionalidad e idiosincrasia, formando parte indisoluble de la identidad mestiza cubana.

Hoy día, el Barrio Chino de La Habana muestra, aunque diezmada, una imagen asiática, que crece con las muestras de amistad entre las dos naciones y pueblos, asentada en una descendencia que aporta al proceso de actualización de Cuba.

martes, 28 de mayo de 2013

Como fénix renacido.



Si bien este trabajo no salió en Fraternidad, es parte esencial del inicio de todo ese rescate.

El año 2013 tiene un significado especial para la Comunidad China de Cuba, en el mes de octubre, se cumplen 30 años del inicio de las acciones de rescate de la cultura, las artes y las tradiciones que los chinos trajeron a Cuba, hace ya 166 años.

Hay que recordar que la primera entrada masiva de chinos a Cuba ocurrió el 3 de junio de 1847, cuando al puerto de La Habana, arribó el bergantín español Oquendo con 206 chinos contratados para la agricultura colonial. El negocio estaba sustentado en la amplia experiencia de los británicos con los llamados culíes, en sus colonias del Mar de las Antillas. En Cuba, la Real Junta de Fomento conoció de este tráfico de fuerza de trabajo y en 1844 envió un agente a China. No es necesario decir que la Junta recibió informes favorables. Es entonces que uno de los más ricos hacendados y esclavistas cubanos, Julián de Zulueta y Amondo, presenta un proyecto para financiar la introducción de chinos contratados. El negocio lo hace con la firma que posee su hermano Pedro de Zulueta en Londres, quienes contactan a la casa Matía Menchacatorre, de Manila, y a la Tait and Co, empresa inglesa establecida en el puerto de Amoy para comerciar con culíes, desde una serie de barracones y depósitos construidos al efecto en aquel puerto chino desde 1846.

Desde su entrada a Cuba, los chinos sufrieron abusos y discriminación. Esas condiciones de vida, unido a la natural rebeldía y el orgullo de una nación con una historia milenaria, facilitó su incorporación a las luchas por la independencia y la sociedad en gestación. Al terminar la guerra, muchos chinos habían logrado alcanzar altos grados militares y uno de ellos, el teniente coronel José Bu, fue de los cinco extranjeros que se habían ganado el derecho a aspirar a la presidencia de la República. Sin embargo, fiel a su naturaleza sencilla y humilde, renunció a las pompas y fundó una sociedad para reunir a las personas de su apellido y procurarles ayuda y sostén.

Este mismo espíritu de confraternidad animó a toda la Comunidad China de Cuba, a lo largo de su historia. El Barrio Chino de La Habana llegó a ser, en los años 40 y 50 del Siglo XX, el más populoso y próspero de América Latina. Poseía teatros, periódicos, revistas, negocios de todo tipo, grandes almacenes, una Cámara de Comercio... Era común ver por las calles la Danza del León y otras manifestaciones artísticas, junto a una elevada cultura gastronómica y comercial. Pero el paso inexorable del tiempo, y diversos procesos de re-emigración y distanciamiento entre Cuba y China, provocaron un declive en el Barrio Chino de La Habana y su Comunidad.

Durante más de 20 años, desde 1961 a 1983, los tambores y gongos fueron silenciados en el entorno del Barrio Chino de La Habana. En el año 1982, la institución encargada de la cultura en Cuba, encargó a sus investigadores y expertos, darse a la búsqueda de manifestaciones de la cultura popular para confeccionar un Atlas, eso facilitó que el folclorista Raúl Simanca Boulanger, (ya fallecido), contactara con las exiguas autoridades de la Comunidad China, para rescatar algunas manifestaciones artísticas como la pintura, la escultura y la música. Entonces se da a la tarea de investigar sobre una danza que conocía por haberla visto alguna vez en su infancia durante las fiestas del carnaval habanero: la danza del dragón, como erróneamente se le llamaba en Cuba a la Danza del León.

Pasados muchos avatares, un reducido grupo de personas, entre chinos y descendientes, lograron rescatar implementos y movimientos esenciales. El 23 de octubre de 1983, en medio de las celebraciones por el Día de la Cultura Cubana, la Galería de Arte de la calle Galiano, en el municipio de Centro Habana, fue escenario de los toques bailes, mientras decenas de habaneros miraban asombrados. Aquel ínfimo primer paso, precedió a la mayor muestra de piezas y objetos de origen chino, donados por miembros de la Comunidad China al aún incierto Museo de Centro Habana. Con el paso de algunos años, el rescate se fue haciendo mayor y posibilitó un renacer, cual ave fénix, del sistema clánico de instituciones tradicionales como son las sociedades chinas.

Cada con pasos más firmes y largos, la Comunidad China de Cuba, vivió un nuevo esplendor en los años 90y principios del siglo XXI. El Barrio recibió mejoras arquitectónicas, urbanísticas y una especial atención socioeconómica, se logró rescatar del olvido y los hogares domésticos, las antiquísimas tradiciones culinarias de los chinos. En aquellos tiempos surgió una calle comercial que aún perdura. La cultura alcanzó niveles aceptables con grupos de danza, de artes plásticas, una Escuela de Artes Marciales, la ópera tradicional por las voces de algunas antiguas actrices…

Muchas de estas acciones se pudieron llevar a cabo por la creación de una institución de carácter estatal, el Grupo Promotor del Barrio Chino de La Habana, que al poseer un sólido andamiaje comercial, dedicaba recursos a las actividades socioculturales. Poco tiempo después, por razones lógicas, pero no insalvables, esta institución desapareció, dejando al Barrio Chino de La Habana, más huérfano que nunca. Hoy sobrevive agónicamente.

Es en este entorno que, por intermedio de la Escuela Cubana de Wushu, de excelentes resultados deportivos, en la promoción de salud, en la propagación de la cultura china entre los cubanos, que recordamos los 30 años del inicio del rescate de la cultura que los chinos legaron a sus descendientes cubanos.

Como hace 30 años, somos un pequeño grupo de chinos y descendientes, intentando que la suerte que porta el cuerno del León Chino, se siga irradiando hacia nuestra Comunidad y la nación cubana, de la que todos, sin excepción formamos ya parte indisoluble. Una relación de hermandad y amistad entre dos pueblos que tiene 166 años, nacida cuando los primeros chinos arribaron al puerto de La Habana y miraron asombrados la exuberante vegetación y las azules aguas de la bahía. Sus sueños aún se mantienen vivos.

lunes, 16 de mayo de 2011

El 3 de junio de 1847. Nuestra historia comienza.


Esperanzados debió ser el sentimiento primario de los 200 chinos que, el 3 de junio de 1847, desembarcaron en los desvencijados muelles del poblado habanero de Regla, propiedades de la Real Junta de Fomento de Agricultura y Comercio, garante de un lucrativo negocio que recién comenzaba y que dio pingües frutos.

Un tiempo antes, en 1844, Don Julián de Zulueta y Amondo, rico hacendado y negrero cubano, presentó un proyecto ante la Real Junta para importar obreros chinos procedentes del puerto de Amoy, región colindante con la provincia de Cantón, de donde procedería el grueso de los chinos que vino a Cuba. La Junta procedió entonces a enviar un agente para que estudiara de cerca las condiciones y conveniencias del negocio. Fue fiador Don Pedro Zulueta, propietario de la firma Zulueta and Company, radicada en Londres, que firmo los contratos con las casas Matía Menchacatorre, de Manila y Tait and Company, de la capital inglesa.

Si bien es cierto que algún que otro chino deambuló por esta bella ínsula antes de esa fecha, no dejó huellas palpables en nuestra historia, a no ser aquel misterioso sobrenombre de chinos manila, cuando los chinos nunca fueron de Manila, que es la capital filipina. Los aislados arribos bien pudieron proceder de alguna de las colonias inglesas en el Caribe.

Lo cierto es que La Habana resultó algo muy diferente a las promesas de encontrar el oro tirado por los campos, a la espera de brazos voluntariosos que lo recogieran. El único metal que hallaron fue el de los grilletes, el machete y el azadón, que entre nosotros se llama guataca. Los chinos que vinieron bajo el contrato de colonos culíes fueron timados de inicio a fin por los negreros criollos y los hacendados urgidos de mano de obra barata, y a la que no tuvieran que alimentar mucho, en todo caso, menos que a los esclavos africanos.

Dura la vida de aquellos y de los que llegaron más tarde, incluidos los que se alzaron en armas desde el mismo octubre liberador cubano. La sangre, la cultura y muchas tradiciones chinas se mezclaron en el ajiaco etnocultural que es la raíz y la esencia de nuestra nacionalidad.

Hoy, el bergantín español Oquedo, quedaría con algunas plazas vacías en sus bodegas pues los chinos nativos que aún viven en Cuba, arribantes en sucesivas oleadas de inmigrantes durante mas de cien años, no alcanza ni la cifra inicial de 200, pero su sangre se ha multiplicado en miles de descendientes de diversas generaciones. Comunidad que a duras penas sobrevive, sin que desde su interior yang fluya la nueva energía yin que se necesitamos para seguir adelante.

El tiempo transcurre lentamente en el Barrio Chino de La Habana y nosotros vemos las nubes pasar. ¿Lloverá alguna vez?

jueves, 28 de octubre de 2010

El León Chino en Cuba: rescate, tradiciones, cultura.

A partir del año 1978 la Comisión Municipal del Atlas de la Cultura Popular de Centro Habana, establece contacto con un representante de los residentes y descendientes chinos. Alfonso Chao Chiu, entonces secretario y después presidente del Casino Chung Wah, siendo el primer informante chino cubano en brindar datos sobre éste grupo étnico.

El 23 de Octubre de 1983, sobre las dos de la tarde de un soleado domingo habanero, en la Galería de Arte de Galiano, se revitaliza en Cuba la milenaria Danza del León Chino. Esta primera presentación contó con la participación de los maestros chinos Kalok Chi Gen (Lei Wui), Soy On Lee (Mario) y Manuel Tang (Abuela), y los descendientes Justo Kuok Loo, Julio G. Hun, Ernesto y Carlos A. Alay. A partir de ese momento se unen, dentro de la Comunidad China de Cuba, los interesados en la Danza y el Kung Fu, para participar en diferentes eventos culturales. No se puede olvidar la asesoría del maestro Lei Choy (Rafael Li) uno de los maestros de la desaparecida Sociedad Chi Mut Hai Yu Wut, promotora de las artes marciales chinas desde la década del 30 del Siglo XX. En cuanto a la Danza del Dragón se ejecutó por primera vez en mayo del año 1993, durante los festejos por el centenario del Casino Chung Wah, dirigida por Julio G. Hun y la música a cargo de Carlos A. Alay.

Esta representación pública de una atractiva tradición china ante el público cubano, fue la manifestación real de un largo y controvertido proceso de investigación y rescate de la rica y variada historia de los chinos dentro de la nacionalidad cubana. Un programa mas abarcador se fue gestando poco a poco y su resultado más palpable fue la edición de un grupo, pequeño por cierto, de trabajos investigativos sobre la incidencia de los chinos en la formación de la identidad cultural cubana.

Once años después de aquel octubre iniciador, el gobierno provincial de la Ciudad de La Habana aprobó la creación del Grupo Promotor del Barrio Chino de La Habana, una institución estatal que entre sus objetivos estuvo promover el rescate de otras tradiciones chinas de Cuba, como la culinaria y el comercio al estilo chino. Esta experiencia aún se puede ver en los restaurantes de participación familiar de la calle Cuchillo de Zanja, en el corazón del municipio de Centro Habana.

El rescate de la Danza del León Chino en Cuba marcó el comienzo de un largo y escabroso camino en la búsqueda de revalorizar el papel de los chinos en la formación de la identidad y la cultura cubana. Un proceso que aún no ha concluido por las presencia de un alto número de descendientes, quienes forman la mayoría en nuestra singular Comunidad.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Aniversario 50 de las Relaciones Diplomáticas entre CUBA y CHINA

En 1949, el primero de Octubre, el líder chino Mao Ze Dong, proclamaba al mundo que su pueblo se ponía definitivamente de pie: aplastaba siglos de feudalismo, colonización y vasallaje, desde la Plaza Tian’an Men, con la presencia de mas de 300 mil personas. Casi once años después, en septiembre de 1960, China establece relaciones diplomáticas con la triunfante Revolución Cubana. Pero este establecimiento de relaciones corrió por caminos inusuales. Según contaría años después el periodista y diplomático Ceng Tao, quien llegó a La Habana como parte de la Agencia de Noticias Xinhua y vino a Cuba para preparar el camino del establecimiento de relaciones diplomáticas, el Fidel le dijo: “Nosotros te consideramos como el representante diplomático de China. Ningún dirigente de nuestro gobierno tiene contactos con el Embajador del Kuomingtang”. Ceng Tao fue mas explicito en su libro “17 años de vida diplomática”, escribió estas líneas:

“La forma del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre China y Cuba fue diferente a lo normal. Inicialmente no se sostuvieron conversaciones, sino que Fidel Castro, en una reunión multitudinaria, lo dio a conocer por propia iniciativa y después fue reconocido en la Primera Declaración de La Habana”.

Puedo agregar mas, ese día, 2 de septiembre de 1960, desde la tribuna alzada en lo alto del actual Memorial José Martí, Fidel lanzó la siguiente pregunta: “el gobierno de Cuba pide al pueblo cubano que responda si desea o no establecer relaciones diplomáticas con la República Popular China.” Se levantaron las manos de mas de un millón de personas al grito de ¡Si, si! Y Fidel dijo: “El representante chino ya está aquí” señalando a Ceng Tao y todos presentes, unidos, gritaron ¡China, China! El primer embajador chino se llamó Shen Jian y arribó a nuestro país en diciembre de ese año. El primer embajador cubano ante el gobierno popular de China fue Oscar Pino Santos.

Actualmente las relaciones enrtre Cuba y China alcanzan un nivel nunca antes soñado pues constituyen dos pueblos hermanos en la vía de la construcción del Socialismo y en busca de perfeccionar su sistema económico para proporcionar al pueblo una vida cada vez mejor.

Los Chinos en la Radio Cubana

(En su momento Fraternidad agradeció a Pedro Eng Herrera, pintor, investigador de la presencia de los chinos en Cuba y miembro distinguido de nuestra Comunidad, por los datos ofrecidos para la realización de este artículo. Sirva también para homenajear los 55 años de la creación de El Periódico del Aire, en la Emisora COCO-CMCK, única que subsiste de aquellas que una vez acogieron a los chinos en su programación.)


Por los años 30 algunas radioemisoras divulgaban la música china pagada por comerciantes chinos y en la década del 40 al 50 tres emisoras transmitían ópera y un noticiero en lengua cantonesa.

El locutor chino Guillermo Wong, salía por la emisora CMBC, patrocinado por Sabatés anunciando el jabón Llave. Este programa, La Hora Comercial China, representaba los intereses del Kuo Min Tang. Por otro lado, Angel Hun Jam ponía su voz al Noticiero Chino de la COCO, de Guido García Inclán y era pagado por el Jabón Candado, de Crusellas y Cía. Hun Jam era afiliado a Chee Kun Tong y fue durante muchos años editor jefe del diario Hoy Men Kong Po, de esa sociedad, mas tarde dirigió otro diario chino, el Wah Man Sion Po, hasta su disolución en 1960. En los largos años en que este noticiero salió al aire, eran frecuentes las crónicas sociales y las informaciones del Barrio y la Colonia China. Este fue el programa de mayor tiempo de transmisión y en varias ocasiones cambio de horarios, buscando siempre una mayor cobertura en la Colonia China: trenes de lavado, restaurantes, comercios, tiendas de víveres o sociedades.

En la emisora del Partido Socialista Popular, la conocida Mil Diez, existió un espacio bilingüe que iniciaba su transmisión con la Marcha de los Voluntarios, (canción compuesta en 1935 y que fue proclamada como Himno Nacional de la República Popular China el 27 de septiembre de 1949). En este programa se decía la verdad acerca de la lucha antijaponesa de la hermana nación asiática y los desmanes kuomintanistas.

Durante años, los comerciantes de la época, tuvieron en cuenta el potencial de la Colonia China como consumidores, no se puede negar que dentro de esta existía un cierto grupo con grandes capitales y por eso se hacía necesario reflejarlos en el mundillo artístico y radiofónico. Claro, algunas veces desde un punto de vista humorístico, como ejemplo digno recordemos a Chan Li Po, personaje creado por Félix B. Caignet, el autor de Frutas del Caney y El derecho de nacer.

En la capital cubana los programas en chino desaparecen en 1959, aunque en la emisora Cadena Oriental de Radio, en 1960 y patrocinado por la Cervecería La Polar, se crea un espacio denominado “La Colonia China Orienta”, dirigido por Manuel Chiong Lee, que lo conducía en chino, mientras que Alfredo Chi lo hacía en español. Tuvo muy corta duración, solo 4 meses, y surgió por sugerencia del Partido Socialista Popular.

En la actualidad solo existe un programa en chino en la emisora Habana Radio, pero su incidencia es casi nula en el espectro radial capitalino y dentro de la Comunidad. Sin embargo, por diversas vías y razones, la presencia del quehacer de la Comunidad es una constante, motivada no solo por su prestigio como componente étnico de importancia en la nacionalidad cubana, sino también por el gran número de profesionales de origen chino que laboran en este medio.