Un mensaje de FRATERNIDAD

Desde los años 30 del Siglo XX, y hasta principios de los 60, en el Barrio Chino de La Habana se editó la Revista Bilingüe FRATERNIDAD, voz oficial de la Asociación de Detallistas del Comercio de la Colonia China de Cuba.
En el año 2000 se logró rescatar esta publicación, que ahora tuvo una vida demasiado efímera, aunque se logró publicar suficientes materiales relacionados con la historia, la cultura y la actualidad de la Comunidad China de Cuba.
Lamentablemente, en el 2006, volvió a desaparecer.
AHORA INTENTO RESCATAR EL ESPÍRITU DE CONFRATERNIDAD DE AQUELLA PUBLICACIÓN.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Con la suerte del León, 30 años después.



Cientos de habaneros miraban asombrados la esquina de Galiano y Virtudes. Un grupo  chinos y descendientes cubanos vestían ropas extrañas, llevan un raro muñeco con un cuerno y una larga cola, un misterioso tambor, nada parecido a los de las fiestas africanas, ruido de platillos y gongo. Al parecer todo una confabulación, y en realidad eso era: una confabulación, pero de arte y tradiciones.

La Galería de Arte de Galiano servía de sede a un evento inusual en el mundillo cultural de la ciudad. Por primera en 20 años, La danza del León Chino, mal llamada aquí como del Dragón, volvía  las calles, después de su última aparición en los carnavales de 1961. La casi desaparecida Comunidad China, salía del ostracismo ocasionado por el enfriamiento de las relaciones entre Cuba y China, por el alineamiento antillano a la política de la entonces Unión Soviética.

Ese día, el domingo 23 de octubre de 1983, mientras millones de cubanos disfrutaban en la Tanda del Domingo de la cinta “2001, una odisea del espacio”, algunos cientos de habaneros, caminantes, viajantes de algún ómnibus casual, vieron los movimientos del León Chino, escucharon el tam tam del tambor y la estridencia de unos platillos, ya enumerados todos en el patrimonio de un museo que aún hoy, octubre de 2013, no existe.

Hace 30 años, después de un largo proceso de investigación, convencimiento, dialogo, se logró iniciar las labores de rescate de los valores tradicionales y culturales que los chinos trajeron a Cuba, con sus alforjas de sueños y esperanzas, y que indeleblemente quedaron en la nacionalidad y la identidad cultural cubana.

Manuel Tang, (Abuela por su personaje en la ópera tradicional); Ley Wu, (conocido por Kalok Chi Gen y fundador de la Sociedad de Cultura Física Chi Mut Jay Yu Wut, en los años 30) y Soy On Lee, (conocido por Mario), acompañados de Justo Kuok, Julio G. Hun, los hermanos Ernesto y Carlos Alay, fueron los protagonistas de aquel primer paso, pequeño para esta Habana multifacética, pero inmenso para lograr el reconocimiento a la importancia de la inmigración china en la formación de la cultura y la identidad cubanas.

Uno de aquellos iniciadores, ha mantenido su presencia en la vida sociocultural del Barrio y la Comunidad China de Cuba: Carlos Alay. Los maestros viven en el País de las Moreras Amarillas hace mucho tiempo y los otrora jóvenes se han dedicado a otras labores, aunque permanecen cercanos. Carlos Alay no solo fue de los primeros en las labores del rescate cultural, sino que también fue el primero en trabajar por rescatar el prestigio y las tradiciones gastronómicas y los deliciosos platos que los chinos legaron a la mesa mestiza cubana.

En el mismo lugar donde Chung Leng, (conocido como Luis Pérez), estableció en 1858 la primera casa de comidas chinas recogida en la historia, la esquina de Zanja y Cuchillo, Carlos Alay creó un restaurante de participación familiar, el Guang Zhou, que es un símbolo de respeto a las tradiciones, la comida china, el prestigio de los chinos como comerciantes… Aquí se festeja el Año Nuevo Lunar, siempre con la Danza del León, que hoy portan no aquellos que lo rescataron tres décadas atrás, sino sus hijos y quién sabe, dentro de pocos años, serán los nietos, siendo una muestra actual no solo de rescate y transmisión de tradiciones, sino también de supervivencia y resistencia cultural como portadores.
 
Hace 30 años, al León Chino empezó a regar la suerte desde su cuerno y hoy el Barrio Chino de La Habana exhibe una imagen diferente. Tres chinos, ya ancianos y cuatro descendientes, dieron los primeros pasos del León y su huella quedó hasta ahora en las calles de esta hermosa Habana, multicolor y multiétnica, que al decir de un buen amigo y cronista: amamos y padecemos.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Un reconocimiento caribeño al esfuerzo y la creatividad



El espacio dominical Buenos días, Personita, fue acreedor del Premio a los Espacios para Niños y Jóvenes (Youth and Children´s Issues) en la edición de los Premios de Radiodifusión del Caribe (Caribbean Broadcasting Awards), con un programa dedicado a promover los derechos del niño y la niña y la música del Caribe.







Este evento es promovido por la Unión de Radiodifusoras del Caribe (Caribbean Broadcasting), CBU, y auspiciado por el Programa de las Naciones de Unidas para el Desarrollo, PNUD.





El programa cuenta con las voces de Krystel Azpillaga, Laura y Julio Gerardo Hun Longchong, la asesoría de Isabel Herrera, la realización del cuento de Alberto Garbayo y la narración de Laritza Camacho. El guión y la dirección son de Julio Gerardo Hun, quien también dirige el multipremiado noticiero estelar Diario Hablado, la revista informativa Buenos días, Ciudad y la publicidad de bien público de Radio Ciudad de La Habana.

sábado, 27 de julio de 2013

El Restaurante Guang Zhou, orgullo habanero.

(Aunque este artículo no fue publicado en Fraternidad, tiene muchos elementos de un trabajo dedicado a los restaurantes de participación familiar. Lamentablemente, algunos de los reflejados en aquel reportaje, ta no existen. El Guang Zhou habanero es un superviviente, con buena salud.)




Corría el año 1995 y un grupo de chinos y descendientes se daba a la tarea de rescatar artes, tradiciones y prestigio a una comunidad estigmatizada por mucho tiempo. La calle Cuchillo de Dragones, en pleno corazón del casi invisible Barrio Chino de La Habana, se llenaba poco a poco de ojos rasgados, verduras renacentistas y olores guardados en lo más recóndito de la memoria.

Uno de estos descendientes, procedente de una familia de gran renombre en la Comunidad China, Carlos Alay Jo, se dio a la tarea de crear, (por supuesto de la nada) un restaurante de participación familiar, al que algunos quisieron denominar con el nuevo nombre de paladar, pero que nunca tuvo ese criollo estilo surgido en los noventa cubanos. Surgió el Restaurante Guang Zhou, en la misma esquina que en los años 50 del siglo 19, existió el famoso Café de Genaro y, aun sin comprobar, la ubicación de una de las primeras fondas chinas de Cuba, allá por los años 1880 y pico.

Desde hace mas de 20 años, que tampoco son nada aunque lo parezcan, esta familia ha ido dejando su huella en el paladar habanero y por qué no, de otras latitudes también, pues cientos de turistas que visitan nuestra ciudad acuden a probar sus deliciosas ofertas chino cubanas.
 
Preguntado en una ocasión para la desaparecida revista Fraternidad, Carlos Alay, respondió así: “Comienza con la idea de rescatar y mantener las tradiciones culinarias de los chinos de Cuba. Y se dice así porque eran tradiciones de los chinos que emigraron a Cuba y no las que ellos mantenían en su país. La razón de esta diferencia está dada porque tuvieron que adaptarse a los ingredientes que existen en Cuba, que no son los mismos que hay en China. De ahí que la podemos definir como cocina chino cubana.”

 





El nombre proviene de la capital de la provincia china de Cantón (Guang Dong), región natal de la madre de Carlos, quien se remitió a un antiguo refrán chino:
 
“Si quieres comer buena comida, ve a Guang Zhou.”

lunes, 3 de junio de 2013

166 años de Presencia China en Cuba



Hoy 3 de Junio de 2013, 166 años atrás, los muelles de Regla recibieron al bergantín español Oquendo, que traía  206 chinos a bordo, como parte de un cargamento de obreros contratados para la economía colonial. Con el paso del tiempo los chinos fueron insertándose en nuestra nacionalidad e idiosincrasia, formando parte indisoluble de la identidad mestiza cubana.

Hoy día, el Barrio Chino de La Habana muestra, aunque diezmada, una imagen asiática, que crece con las muestras de amistad entre las dos naciones y pueblos, asentada en una descendencia que aporta al proceso de actualización de Cuba.

martes, 28 de mayo de 2013

Como fénix renacido.



Si bien este trabajo no salió en Fraternidad, es parte esencial del inicio de todo ese rescate.

El año 2013 tiene un significado especial para la Comunidad China de Cuba, en el mes de octubre, se cumplen 30 años del inicio de las acciones de rescate de la cultura, las artes y las tradiciones que los chinos trajeron a Cuba, hace ya 166 años.

Hay que recordar que la primera entrada masiva de chinos a Cuba ocurrió el 3 de junio de 1847, cuando al puerto de La Habana, arribó el bergantín español Oquendo con 206 chinos contratados para la agricultura colonial. El negocio estaba sustentado en la amplia experiencia de los británicos con los llamados culíes, en sus colonias del Mar de las Antillas. En Cuba, la Real Junta de Fomento conoció de este tráfico de fuerza de trabajo y en 1844 envió un agente a China. No es necesario decir que la Junta recibió informes favorables. Es entonces que uno de los más ricos hacendados y esclavistas cubanos, Julián de Zulueta y Amondo, presenta un proyecto para financiar la introducción de chinos contratados. El negocio lo hace con la firma que posee su hermano Pedro de Zulueta en Londres, quienes contactan a la casa Matía Menchacatorre, de Manila, y a la Tait and Co, empresa inglesa establecida en el puerto de Amoy para comerciar con culíes, desde una serie de barracones y depósitos construidos al efecto en aquel puerto chino desde 1846.

Desde su entrada a Cuba, los chinos sufrieron abusos y discriminación. Esas condiciones de vida, unido a la natural rebeldía y el orgullo de una nación con una historia milenaria, facilitó su incorporación a las luchas por la independencia y la sociedad en gestación. Al terminar la guerra, muchos chinos habían logrado alcanzar altos grados militares y uno de ellos, el teniente coronel José Bu, fue de los cinco extranjeros que se habían ganado el derecho a aspirar a la presidencia de la República. Sin embargo, fiel a su naturaleza sencilla y humilde, renunció a las pompas y fundó una sociedad para reunir a las personas de su apellido y procurarles ayuda y sostén.

Este mismo espíritu de confraternidad animó a toda la Comunidad China de Cuba, a lo largo de su historia. El Barrio Chino de La Habana llegó a ser, en los años 40 y 50 del Siglo XX, el más populoso y próspero de América Latina. Poseía teatros, periódicos, revistas, negocios de todo tipo, grandes almacenes, una Cámara de Comercio... Era común ver por las calles la Danza del León y otras manifestaciones artísticas, junto a una elevada cultura gastronómica y comercial. Pero el paso inexorable del tiempo, y diversos procesos de re-emigración y distanciamiento entre Cuba y China, provocaron un declive en el Barrio Chino de La Habana y su Comunidad.

Durante más de 20 años, desde 1961 a 1983, los tambores y gongos fueron silenciados en el entorno del Barrio Chino de La Habana. En el año 1982, la institución encargada de la cultura en Cuba, encargó a sus investigadores y expertos, darse a la búsqueda de manifestaciones de la cultura popular para confeccionar un Atlas, eso facilitó que el folclorista Raúl Simanca Boulanger, (ya fallecido), contactara con las exiguas autoridades de la Comunidad China, para rescatar algunas manifestaciones artísticas como la pintura, la escultura y la música. Entonces se da a la tarea de investigar sobre una danza que conocía por haberla visto alguna vez en su infancia durante las fiestas del carnaval habanero: la danza del dragón, como erróneamente se le llamaba en Cuba a la Danza del León.

Pasados muchos avatares, un reducido grupo de personas, entre chinos y descendientes, lograron rescatar implementos y movimientos esenciales. El 23 de octubre de 1983, en medio de las celebraciones por el Día de la Cultura Cubana, la Galería de Arte de la calle Galiano, en el municipio de Centro Habana, fue escenario de los toques bailes, mientras decenas de habaneros miraban asombrados. Aquel ínfimo primer paso, precedió a la mayor muestra de piezas y objetos de origen chino, donados por miembros de la Comunidad China al aún incierto Museo de Centro Habana. Con el paso de algunos años, el rescate se fue haciendo mayor y posibilitó un renacer, cual ave fénix, del sistema clánico de instituciones tradicionales como son las sociedades chinas.

Cada con pasos más firmes y largos, la Comunidad China de Cuba, vivió un nuevo esplendor en los años 90y principios del siglo XXI. El Barrio recibió mejoras arquitectónicas, urbanísticas y una especial atención socioeconómica, se logró rescatar del olvido y los hogares domésticos, las antiquísimas tradiciones culinarias de los chinos. En aquellos tiempos surgió una calle comercial que aún perdura. La cultura alcanzó niveles aceptables con grupos de danza, de artes plásticas, una Escuela de Artes Marciales, la ópera tradicional por las voces de algunas antiguas actrices…

Muchas de estas acciones se pudieron llevar a cabo por la creación de una institución de carácter estatal, el Grupo Promotor del Barrio Chino de La Habana, que al poseer un sólido andamiaje comercial, dedicaba recursos a las actividades socioculturales. Poco tiempo después, por razones lógicas, pero no insalvables, esta institución desapareció, dejando al Barrio Chino de La Habana, más huérfano que nunca. Hoy sobrevive agónicamente.

Es en este entorno que, por intermedio de la Escuela Cubana de Wushu, de excelentes resultados deportivos, en la promoción de salud, en la propagación de la cultura china entre los cubanos, que recordamos los 30 años del inicio del rescate de la cultura que los chinos legaron a sus descendientes cubanos.

Como hace 30 años, somos un pequeño grupo de chinos y descendientes, intentando que la suerte que porta el cuerno del León Chino, se siga irradiando hacia nuestra Comunidad y la nación cubana, de la que todos, sin excepción formamos ya parte indisoluble. Una relación de hermandad y amistad entre dos pueblos que tiene 166 años, nacida cuando los primeros chinos arribaron al puerto de La Habana y miraron asombrados la exuberante vegetación y las azules aguas de la bahía. Sus sueños aún se mantienen vivos.